| Adolescencia
Las conversaciones entre la niña y la mujer se diluyen en un murmulllo que acepta tu voz.
Las parábolas de mi inocencia se volvieron volubles, algoritmos de tristeza que no tienen secuencia.
Mi niñez se hunde se aferra a mis dedos.
Dame la mano, mamá. No la sueltes, papá.
Estoy al borde del llanto. Ya no deseo nada.
El costurero
Pequeños tesoros: botones de diversas formas y tamaños
alfileres escuálidos pinchados en un papel amarillo
madejas de hilos de colores
pedazos de tafeta o raso arrugados.
Pero en el fondo, aquel dedal plateado, mío.
Entretelas
Una silla vieja, una maceta en un balcón.
Tierra mojada en un jardín de esos que no pisa nadie.
Aire encapsulado en una píldora para viejos; un hormiguero en la vitrina de un museo.
Me volví ciruja de la quema de mi cerebro.
Lapsus
El tiempo araña un espacio no dicho.
La niña, muda se desangra en una sombra de agosto.
El despeñadero se inunda de fantasmas
y las sábanas hacen su propia ceremonia.
La ménsula
La pared corroída encierra rastros de su pasado caras sin nombre, figuras sin sentido.
La humedad los deforma, el calor los hace nítidos.
El silencio enmudece el cuarto y la casa se vuelve morada de espíritus y caballeros blancos.
La molienda
Estoy sola como el mundo. Soy plana como el mundo.
Lo único que quiero es provocar un estado de tensión en el que las cosas se rompan y no haya ruido.
Funciono como las plantas, si aspiro demasiado me ahogo.
En Méjico me contaron de una mujer a medida que molía el maíz, su brazo iba desapareciendo.
Soy como esa mujer que se muele a sí misma. me escribo y desaparezco.
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